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Ampliar con un click La fascinación de Pablo Seminario por la cerámica precolombina nació en Piura, su ciudad natal. Pablo recuerda: "La inquietud por la cerámica precolombina comenzó cuando yo era niño. Recuerdo el primer día que vi un huaco en la Plaza de Armas de Piura, y me impresionó tanto el huaco, que desde ahí empecé a fijar en la cerámica precolombina. Pasaron los años mientras estudiaba arquitectura yo seguía buscando, yendo a museos buscando piezas precolombinas"

Pero su dedicación por la cerámica empezó muchos años después, cuando terminó sus estudios en Lima y se estableció en la cuidad de Cusco, donde conoció a Marilú y comenzó a dedicarse a la elaboración de pequeñas piezas de cerámica que vendía en los portales de la Plaza de Armas de la ciudad.

Luego, se trasladaron al Valle Sagrado, y fue allí donde comenzaron a profundizar en los conocimientos de la cerámica precolombina, sus distintas etapas, sus técnicas, y a descubrir la complejidad de los elementos estéticos de este "lenguaje", como ellos lo definen: "Es un lenguaje y explicaba una manera de vivir, de pertenecer a un lugar, de representar tu mundo, y lo único que haces es usarlo de nuevo, hablar ese idioma".

Los Seminarios han sabido darle una continuidad a ese antiguo lenguaje, reutilizando sus elementos simbólicos, y dándole un espacio de vida del hombre de hoy: "Considero que esto es un aporte más a la cultura porque colaboramos con un elemento propio de la cultura global, rescatamos un arte que no tenía por qué quedarse archivados en los museos".

En su intensa búsqueda, Pablo fue aprendiendo la filosofía de la arcilla, siempre recogiendo la sabiduría de los artesanos ceramistas. Gran parte de su paciente trabajo ha sido indagar en la tradición popular: "los artesanos ceramistas populares me podían decir cosas tan poéticas como que la arcilla es la carne del cuerpo y la mezcla que se le incluye a la arcilla, que puede ser una piedra chancada o una arena, son los huesos del cuerpo" explica, "si quieres hacer una figura alta o una figura grande tiene que tener buenos huesos, eso quiere decir que tengo que poner una buena cantidad de piedra chancada o arena como ingredientes, porque solo de carne no puede ser una pieza porque se va a chorrear todita.

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Y yo, conversando con los artesanos entendía cosas, entendía que las arcillas tienen sus propios valores intrínsecos; ´esta´ arcilla te permite hacer una cosa te permite construir una olla, y una arcilla te permite construir una olla fácil, es porque en esa arcilla tú vas a pode cocinar. Si tú con ´otra´ arcilla construyes una olla, pero con mucho esfuerzo, porque quieres construirla, y la arcilla esta en contra tuya pero lo haces -porque se puede hacer-, esa olla la pones a cocinar y se revienta, porque su valor intrínseco no sirve para eso".
Ampliar con un click Por eso, la búsqueda de las tradicionales técnicas precolombinas los ha llevado a la tierra, al barro, a buscar la arcilla en los cerros; siempre siguiendo los pasos de los antiguos ceramistas precolombinos. En este valle la pareja inició una larga etapa de experimentación con la arcilla de la zona, reconociendo los distintos tipos y estudiando sus cualidades: "La arcilla es local. Reconocemos todos sus defectos, para nosotros tiene más virtudes que defectos. A mi algunos ceramistas me han dicho que nosotros trabajamos con la peor arcilla de todas, pero no existe lo mejor ni lo peor, es lo que tú conoces".

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